Ansiedad, la amiga desconocida

Dic. 2010 · Ximo Estrelles

El actual ritmo de vida al que nos sometemos acaba, en muchos casos, por pasarnos factura. El estrés, la tensión muscular y el agotamiento son algunos de los primeros síntomas. El nivel de activación necesario es máximo y acaba por repercutir en todos los aspectos de nuestra vida, afectando a nuestras relaciones personales, familiares y el rendimiento laboral.

 

Los daños colaterales producidos acaban por sumirnos en estados, más o menos graves, de ansiedad y así empieza nuestra lucha contra este desconocido proceso... pero, ¿qué es realmente la ansiedad?

 

Habitualmente utilizamos este concepto para definir estados de nerviosismo o estrés, sin embargo la ansiedad es una respuesta biológica natural que nos ha permitido sobrevivir como especie a través de la historia, es decir, la ansiedad es necesaria. El abanico de sensaciones producidas por la ansiedad tiene en realidad una funcionalidad positiva, pues nos ayuda a responder a las amenazas y los peligros de forma casi inmediata y, en definitiva, a sobrevivir.

 

Si pensamos en una situación de peligro real, como sufrir el asalto de un atracador, es fácil interpretar de forma funcional todas las respuestas de la ansiedad. El aumento del ritmo cardiaco y la tasa de respiración (confundida con ahogo) son reacciones necesarias para preparar a nuestros músculos para una huida rápida o enfrentarnos a él. Quedarse con la mente en blanco, la boca seca o sufrir malestar intestinal son fruto de la elección que realiza nuestro cuerpo, es más importante utilizar todas nuestras energías en sobrevivir (defenderse o huir) que en otros procesos creativos o digestivos. Una reacción típica como la de palidecer está provocada por la necesidad de sangre en los músculos que deja los capilares de la piel sin riego. Por último, el quedarse inmóvil o la rigidez muscular son consecuencia de un exceso de tensión en el aparato locomotor, preparado para una posible huida o lucha en situaciones que realmente no permiten canalizar dicha tensión.

 

El problema no reside en sentir o no ansiedad, si no en que ésta aparezca cuando no debería. Una respuesta de ansiedad en un momento inadecuado puede provocar malestar por sufrir las reacciones físicas comentadas y un menor rendimiento a todos los niveles, especialmente en el área social y laboral. Además esas reacciones pueden ser valoradas como peligrosas convirtiéndose en un nuevo problema, como sucede en los trastornos de pánico y agorafobia, en los que la persona cree que esas reacciones físicas, sin motivo aparente, son señal de que algo no va bien en su cuerpo.

 

Sin embargo, a pesar de lo que se cree, esta reacción no es automática e incontrolable, muestra de ello es que todas las personas no reacción del mismo modo ante una misma situación. Aunque no seamos conscientes de ello, nuestro cuerpo dispara este sistema de respuesta ante la interpretación que hacemos de lo que nos está sucediendo o lo que creemos nos va a suceder. Una visión de la situación como desagradable o peligrosa, disparará toda la respuesta de ansiedad en situaciones que pueden no requerirla. La repetición de estas desafortunadas interpretaciones puede acabar provocando problemas de ansiedad, al interiorizar y automatizar esa clase de respuestas.

 

Entender cómo funciona la ansiedad, las sensaciones que desata y aprender como valorar las situaciones de una forma más realista y menos amenazante, nos ayudará a dejar de temer a nuestra amiga la ansiedad.

El cambio siempre es posible...

 

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