No te puedo querer más, pero si mejor

Oct. 2012 · Ximo Estrelles

Tras siete años de experiencia en el abordaje de problemas emocionales, el principal motivo de consulta ha sido sin duda la ansiedad, no obstante le siguen de cerca los casos en los que el objetivo es superar algún tipo de problema de pareja, representando el 50% de los casos que actualmente tenemos en marcha en terapia.

 

Bien es cierto que la opción de la terapia psicológica siempre es una de las últimas opciones valoradas, aunque en los últimos años ha escalado posiciones frente a otras alternativas, más difíciles de afrontar a nivel económico inmersos en la actual crisis mundial. Muchas de las relaciones que acuden a consulta están gravemente deterioradas y si el compromiso de ambas partes no es sincero y desinteresado puede significar un escollo insalvable. Expresiones como “por probar no perdemos nada” o “para que no digas que no lo he intentado” suelen tener como resultado la ruptura.

 

Los motivos suelen ser diversos, siendo los más habituales los problemas de comunicación, el distanciamiento emocional o el desequilibrio en el reparto de roles. Actualmente es habitual la aparición de un desajuste en pareja consecuencia de cambios sustanciales en la relación, bien en la cantidad de tiempo compartido, el aumento de problemas o la pérdida o modificación inesperada de estatus socio-económico.

 

Muchas son las habilidades a trabajar en terapia para hacer frente a los problemas de pareja, partiendo de una minuciosa evaluación de cuáles son los aspectos a mejorar por cada uno de los integrantes de manera individual y a adquirir como pareja. Es muy importante, aunque no necesaria en determinados casos, la participación de ambos miembros, pues mejora significativamente las posibilidades de éxito, minimizando la aparición de un desajuste en la pareja que pudiera terminar en ruptura. 

 

Cualquier relación de pareja se sustenta en tres pilares fundamentales, necesarios para un adecuado equilibrio y que varían en importancia en cada relación, que comparten una base de apoyo común, la confianza. El primero de los pilares es el intercambio de positivo, clave en la vida de pareja y que no dista mucho del necesario para mantener cualquier tipo de relación social satisfactoria a excepción de las relaciones sexuales. Es importante mantener, o al menos percibir, la sensación de que se recibe más que se entrega, un saldo positivo emocional que fortalece la relación frente a las dificultades que de por si conlleva la vida en pareja.

 

El segundo de los pilares es el reparto de roles, es decir las responsabilidades que asumirá cada miembro de la pareja. En este punto de nuevo variará en gran medida en función de las habilidades y actitud de cada uno de los miembros. Hablamos de quién resuelve los problemas aportando soluciones, quién se encarga de las tareas del hogar, quién de la educación de los niños, de aportar alegría, pasión o novedad al día a día de la relación. Los temas económicos, las compras, proponer planes o en definitiva “tirar del carro” son responsabilidades a asignar en pareja. Tan importante es llevarlas a cabo y distribuirlas, como considerar tal reparto justo y compensado.

 

Vistos estos dos “pilares” no es difícil imaginar una relación como una balanza en la que cada uno de los integrantes sopesa los aspectos positivos, aquello que percibe de su pareja y de la misma relación, y los aspectos negativos, es decir, las obligaciones y cargas que conlleva seguir juntos. Tanto es así que cuando la percepción es que se recibe mucho más del coste que tiene, como podría ser el caso de estar conociendo a nuestra pareja o en los primeros años de relación donde todo es novedad, pasión y disfrute, se tiende a considerar que se está profundamente enamorado y que “nos queremos mucho”, mientras que cuando aparecen las dificultades, se comparte menos tiempo y confidencias, las relaciones sexuales se hacen menos frecuentes y se da mucho a cambio de poco, el enamoramiento deja paso a las dudas y el amor se desvanece, llegando a no compensar. Es en este punto cuando cobra sentido aquella metáfora de que la pareja es como una planta, cuídala y riégala a diario o acabará marchitándose.

 

El último pilar, el que la experiencia en clínica nos ha demostrado ser más importante y determinante, es la comunicación. Ese intercambio de información, ideas, emociones y deseos en el que la pareja se convierte en confidente, además de amante y compañero de viaje. Habilidades como la negociación, la resolución de problemas, la expresión de emociones, opiniones y desacuerdos, han demostrado su importancia en la estabilidad de cualquier pareja, lo que requiere un aprendizaje y práctica en consulta por parte de todas aquellas parejas que acuden a terapia en busca de solventar sus problemas de relación.

 

Es necesario cuidar cada uno de los tres pilares para lograr una relación duradera, aunque cada relación debe encontrar en qué cantidad necesita y desea cada uno de ellos. Existen relaciones basadas en la pasión y la atracción física donde las palabras y las obligaciones están en segundo plano sin que tenga que resentirse necesariamente la relación, encontramos también multitud de parejas en las que las obligaciones y el cumplimiento de las tareas están por encima del tiempo de calidad compartido en el que comunicarse e intercambiar muestras de afecto. Cada persona, cada pareja, debe encontrar el equilibrio y el tipo de relación que desea. Todo puede cambiar, el aprendizaje es posible… y que viva el amor.

El cambio siempre es posible...

 

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